Vivimos en un espacio pero habitamos en una memoria
Una
entrevista con José Saramago, Premio Nobel de Literatura en Lanzarote.
El escritor portugués afirma: "realmente, mi propuesta es romper la
dicotomía Norte-Sur con un viaje que no sería físico, sino ético. Europa
tiene que mirar al Sur como un lugar que ha explotado, que ha
colonizado, y tiene revertir ese daño.
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A la entrada, junto a la puerta marcada con el
número 3, un discreto grabado indica que allí viven Pilar del Río y José
Saramago. No hay mucha diferencia entre esta y las viviendas vecinas de
la comarca de Tías, en Lanzarote, salvo el cartel que la nombra, "A
Casa" _ "la Casa"- , y que recuerda esas denominaciones que le da el
escritor portugués a muchas de sus criaturas: "el Rey", "el Hombre", "la
Mujer", "el Centro", "la Caverna", "la Balsa".
Es Pilar, periodista y traductora de la obra de su esposo, quien nos invita a ver un video sobre la visita que en 1999 hizo el Premio Nobel a Cuba y que reseña el encuentro de toda la tribu Saramago- Del Río con Fidel. Y contará detalles de la presentación del último libro del Nobel, El hombre duplicado, en el Teatro Colón, de Buenos Aires, ante 4200 personas. Allí, en un cartel gigante habían escrito: "Saramago, te queremos, pero queremos a Cuba también." Pilar recuerda lo que comentó José cuando lo vio: "Yo también quiero a Cuba."
En ese largo diálogo descubro que el ser humano esencial que escribe sus libros, es el mismo que tengo delante. En la despedida, nos abrazó uno a uno, y cuando me tocó el turno, solo atiné a decirle muy bajo: " no deje de querer a Cuba". Todavía me estremece ese "nunca" que escuché con la cabeza apoyada en su hombro.
Es Pilar, periodista y traductora de la obra de su esposo, quien nos invita a ver un video sobre la visita que en 1999 hizo el Premio Nobel a Cuba y que reseña el encuentro de toda la tribu Saramago- Del Río con Fidel. Y contará detalles de la presentación del último libro del Nobel, El hombre duplicado, en el Teatro Colón, de Buenos Aires, ante 4200 personas. Allí, en un cartel gigante habían escrito: "Saramago, te queremos, pero queremos a Cuba también." Pilar recuerda lo que comentó José cuando lo vio: "Yo también quiero a Cuba."
En ese largo diálogo descubro que el ser humano esencial que escribe sus libros, es el mismo que tengo delante. En la despedida, nos abrazó uno a uno, y cuando me tocó el turno, solo atiné a decirle muy bajo: " no deje de querer a Cuba". Todavía me estremece ese "nunca" que escuché con la cabeza apoyada en su hombro.
EL AMOR
Hasta ahora hay dos únicas formas que hemos inventado, que a veces funcionan y, otras, no funcionan más, pero que nos sacan de la soledad: la amistad y el amor. Pero el amor tampoco es una cosa que pueda ocurrir a los 18 años, y mantenerse de la misma forma hasta los 80. Uno tiene dos, tres, o cinco, y a veces más amores en su vida, y todos son eternos.
LA FAMILIA
LA MEMORIA
Vivimos en un espacio, pero habitamos en una memoria. Podría hablarte de Lisboa. La conocí a lo largo de todos esos años de los cuales te hablé. Pero a la Lisboa que veo como algo mío, no tiene nada que ver con la de ahora. El espacio que ocupa la misma ciudad tampoco tiene que ver con "mi ciudad": es ancha, ha crecido, es otra. Por tanto, la Lisboa que llevo dentro es la Lisboa de los años 30; y el pueblo que llevo dentro, no tiene nada que ver con el pueblo que está ahí.
Eso es evidente. Hay una especie de tránsito continuo. Las
generaciones se suceden. Los lugares se transforman, pero nosotros
necesitamos anclas. Sí, señor, estoy aquí, pero existo en la memoria de
mí mismo, en un determinado tiempo y en un determinado lugar.
Con
los lugares puede decirse que también puede existir una especie de
memoria anticipada. Quien ve a Lanzarote se da perfecta cuenta de que
existía en su literatura antes de que usted lo conociera y decidiera
instalarse aquí.
Sí,
y en el fondo tiene que ver con esa novela que se llama La balsa de
piedra, donde la península Ibérica se despega de Europa y se va por ahí,
convertida en una isla.
¿Por qué su obsesión con las islas? Estoy recordando otra isla famosa de Saramago, la de El cuento de la Isla desconocida.
En
el fondo, porque está asociada a la idea de lo que está lejos, y a
donde vamos y todavía no hemos llegado. El debate entre el rey y el
hombre en El cuento, cuando este último dice que se va a buscar la isla
desconocida. "Pero no hay islas desconocidas", dice el rey. "Están todas
en el mapa",. "¿Y cómo sabes tú que no hay islas desconocidas? Siempre
hay islas desconocidas". Y el rey: "Pero la isla desconocida no está en
el mapa, por tanto no puedes conocerla". En el fondo de lo que trata
este diálogo es de la idea de que hay lugares, en algunos casos llamados
Atlántida, que son nuestras utopías constantes.
En La balsa de piedra, cuando al cabo de su larga navegación la península ibérica se detiene entre África y América del Sur, es para convertirse en utopía, un lugar hacia donde hay que ir sin dudas. Todo no estará resuelto, pero quizás se puede resolver y así encontrar la felicidad humana.
En La balsa de piedra, cuando al cabo de su larga navegación la península ibérica se detiene entre África y América del Sur, es para convertirse en utopía, un lugar hacia donde hay que ir sin dudas. Todo no estará resuelto, pero quizás se puede resolver y así encontrar la felicidad humana.
EL COMPROMISO
La última novela, El hombre duplicado, se presentó en Buenos Aires, en el Teatro Colón, que es uno de los más grandes del mundo. Caben más de 4000 personas. En la presentación de un libro que no es más que eso, y no hay copas y yo no canto, y tampoco bailo, el teatro estaba totalmente lleno. ¿Se imagina lo que es entrar en un teatro y encontrarse 4000 personas solo por un libro? Eso generó en mí un sentimiento apabullante de responsabilidad. No puedo defraudarlos. Lo que escribo, por tanto, es para ellos.
Dse cuenta de que todas mis novelas arrancan o tienen algo imposible. Empezando con Memorial del Convento: Blimunda ve más allá de la piel de la gente cuando está en ayunas. De El año de la muerte de Ricardo Reis, mejor no hablar. La balsa de piedra: qué idea tonta esa de que la Península se va. En La Historia del cerco de Lisboa, intento demostrar que los cruzados no ayudaron a los portugueses a conquistar Lisboa, cuando la verdad histórica dice que sí. En El Evangelio según Jesucristo, los textos canónicos dicen que eso no ocurrió tal como lo cuento. En el Ensayo sobre la ceguera: no es cierto que toda la gente esté ciega. En La Caverna, decir que la "caverna de Platón" está debajo de un centro comercial, es imposible... En El Hombre duplicado, dos seres exactamente iguales, a lo largo de toda su vida, hacen lo mismo: si uno se deja crecer su bigote, el otro se dejará crecer su bigote; si uno tiene una cicatriz, el otro también... Imposible. Y en la novela que estoy escribiendo ahora, Ensayo sobre la lucidez, también pasa algo "imposible". Pero de esta no te digo nada más.