Yamile Delgado de Smith

Yamile Delgado de Smith
Yamile Delgado de Smith

Semblanza curricular de Yamile Delgado de Smith

Es venezolana. Profesora en el escalafón Titular, desde el año 2003, de la Universidad de Carabobo. Post-doctorada en Ciencias de la Educación. Doctora en Ciencias Sociales, Mención Estudios del trabajo. Magister en Administración del Trabajo y Especialista en Docencia para la educación superior. Su experiencia profesional fue en la industria petrolera, Corpoven Refinería El Palito. Se dedicó a labores de consultaría para la industria petrolera y empresas privadas en Venezuela. Y Actualmente, realiza labores de asesoría a través de proyectos de investigación.

Ha sido becaria en la Universidad de Carabobo, Universidad de Ohio, Estados Unidos; en la Organización Internacional del Trabajo; Universidad Castilla La Mancha, España; Universidad de Bolonia, Italia, y Universidad de Delhi, Nueva Delhi, India. Tiene más de 80 publicaciones en revistas y libros relacionados con investigación, temas de Gestión de Recursos Humanos en Venezuela, Liderazgo, actores, migración y género. Ha presentado resultados de sus investigaciones en América, Asia, Oceanía, Europa Occidental y Oriental. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores desde el año 2000 en el Programa de Promoción al Investigador (PPI), actualmente PEII nivel C. Premio honorífico de su promoción en la que ocupó el primer lugar. Premio a la excelencia académica, en su Primera Clase, de la primera cohorte del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Carabobo. Ocupó el 2do lugar en el Premio Nacional de Ciencias Sociales de Venezuela convocado por el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico en el año 2010. Profesora invitada en universidades de Venezuela, América Latina y Europa. Condecorada con la Orden Francisco Triana, primera clase, por la Universidad de Carabobo en el año 2015.

Fue jefe del Departamento de Proyectos de Investigación de la Escuela de Relaciones Industriales; Directora de Investigación y Producción Intelectual; Directora de la Escuela de Relaciones Industriales de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, campus Bárbula. Para la región Carabobeña y de Cojedes fue secretaria de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (AsoVAC). Actualmente, es directora de Postgrado de la facultad de Ciencias Económicas y Sociales; Coordinadora del Doctorado en Ciencias Sociales, Mención Estudios del Trabajo. Coordinadora del Grupo de Investigación en Género (GIG) y la línea de investigación actores laborales de LAINET. Editora de Observatorio Laboral Revista Venezolana. Y, de la serie arbitrada Mujeres en el Mundo de la Universidad de Carabobo, Venezuela.

Publicaciones recientes versan sobre migración, género y violencia.

Correo: yamilesmith@gmail.com

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jueves, 9 de agosto de 2012

¿Por qué las mujeres no competían en las primeras Olimpiadas modernas?


 Cuando se restauraron los Juegos Olímpicos en Atenas en 1896, los organizadores, lógicamente, tomaron como modelo las antiguas Olimpiadas. El antiguo festival en honor a Zeus tenía un fuerte elemento religioso. Estaba dedicado sólo a los hombres, que competían desnudos. Con pocas excepciones, a las mujeres no se les permitía participar, ni siquiera como espectadoras. Si alguna desobedecía la regla, podía ser condenada a muerte.
En las primeras Olimpiadas modernas se permitió a las mujeres presenciar las competencias, pero no participar. Hasta los Juegos de Amsterdam en 1928, las mujeres sólo competían en deportes como golf, tenis, natación y esgrima; pero había muy pocas competidoras. En Amsterdam, a las atletas se les permitió participar, por primera vez, en los deportes de pista y campo, que incluían una carrera de 800 m que causó gran controversia: después de terminar la prueba, muchas competidoras se desmayaron.


Los más tradicionalistas se apoyaron en ese resultado para subrayar que a las mujeres no debía permitírseles competir. El presidente del Comité Olímpico Internacional, BailletLatour, insistió en que se regresara a las Olimpiadas donde sólo competían hombres. Otros dijeron que, dada su fragilidad, las mujeres no eran capaces de afrontar pruebas de resistencia física que "las hacían envejecer prematuramente". Las feministas señalaron que en las carreras para hombres también los competidores se desmayaban por el cansancio. De hecho, si no lo hacían, se les acusaba de "no hacer su mayor esfuerzo".
Los conflictos siguieron y, como resultado, los Juegos Olímpicos no tuvieron carreras para mujeres más largas de la mitad de la pista, o sea, 200 m, sino hasta 1964, cuando Betty Cuthbert de Australia ganó los 400 m. Los 1 500 m se introdujeron en Munich en 1972; los 3 000 m y el maratón en Los Ángeles, en 1984. Las carreras largas para mujeres se han complementado con las competencias de natación, así que hoy día no hay gran diferencia entre los programas para mujeres y para hombres.

La primera campeona olímpica fue Charlotte Cooper

¿Por qué en la Olimpiada de México llevó la antorcha una mujer?
Los años sesenta marcaron el inicio de una época diferente. Las mujeres comenzaron a figurar en roles que antes estaban reservados sólo a los hombres. México fue el primer país del mundo en concederles el lugar que ellas merecían en el campo deportivo. Enriqueta Basilio, atleta bajacaliforniana, fue la primera mujer que, después de recorrer la pista del estadio, encendió la llama olímpica que presidiría los Juegos. Más de 100 000 espectadores y cerca de 500 millones de televidentes contemplaron la escena que cambió para siempre un arraigado concepto social.
La ruta que siguió el Fuego Sagrado fue la siguiente: salió el 23 de agosto de Olimpia, Grecia; pasó por Atenas, Génova, Barcelona, Cataluña, Madrid, Sevilla, Canarias, San Salvador, Veracruz, Jalapa, Córdoba, Orizaba, Tlaxcala, Apizaco, Huamantla y Teotihuacán. Ya en la capital, el Fuego Olímpico se dividió en tres antorchas: la primera se condujo a la subsede de Acapulco, la segunda al Museo de Antropología y la tercera al Estadio Olímpico.
En la puerta del Estadio México '68, la antorcha fue recibida por un cadete del Colegio Militar y él la entregó a Enriqueta Basilio. Así terminó el viaje de 50 días desde la explanada del Altis en Grecia hasta el Estadio Olímpico México '68 de Ciudad Universitaria.
La antorcha fue conducida por 2 778 atletas en total y escoltada por otros 1 198.
En México hubo 816 relevos durante 6 días desde el 6 de octubre, en que llegó al puerto de Veracruz.
Escoltado por motociclistas y vehículos oficiales, el Fuego Olímpico cruzó de norte a sur toda la ciudad sede.
El Fuego Sagrado contagió por igual a hombres y mujeres, es decir, a la juventud de todos los países competidores, sin distinción. La época moderna, desde esta Olimpiada, superó a las competencias de la antigua Grecia, donde no se permitía a las mujeres participar, ni siquiera como espectadoras, bajo pena de muerte.
En México, en el año de 1968, se superaron de una vez por todas las distinciones entre sexos. El mundo, desde entonces, empezó a ver con otros ojos las competencias. Ya no se trataba de quién realizaba las hazañas deportivas, si hombre o mujer, blanco, amarillo o negro, sino del alcance que el ser humano podía tener proponiéndose lo que, a fin de cuentas, es el lema de las Olimpiadas modernas: Altius, Citius, Fortius.

 

Fuente:
http://mx.selecciones.com/contenido/a2420_por-que-las-mujeres-no-competian-en-las-primeras-olimpiadas-modernas

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